lunes, 25 de enero de 2010

Notas sobre renovación Política II


La Refundación del PDC.

Hemos puesto este vocablo en el debate partidario, de manera intencional y reflexionada. No solo es un esfuerzo de desligarse de las simplificaciones y lugares comunes existentes sobre el desafío de “aggiornamiento” de los partidos (recambio, renovación, etc.). Es necesario, terminar con la sobre simplificación de las argumentaciones generacionales, de estilos, de rostros, etc. El problema es político pero se sitúa primero, a nivel ideológico.

El conflicto político de nuestro tiempo, se sitúa en la disputa entre el concepto del hombre que sustentamos como hecho a imagen y semejanza de Dios, en oposición a quienes ven a un simple animal evolucionado con destellos de racionalidad.

En el concepto de libertad que algunos sostienen, que justifican la explotación de millones de personas, en el afán de ser libres para apropiarse de la naturaleza y la riqueza, sin consideración por sus congeneres actuales y futuros. Y no en la libertad nuestra, que nace del amor al hombre, a todo el hombre, y a la creación. En el fondo aplican mecánicamente la ley de la selva, a la vida social de los seres humanos.

En el rechazo que hacemos del capitalismo salvaje, por su fracaso moral y político para darle caminos de liberación a la humanidad.

Y por tanto, por la exigencia para quienes dicen llamarse demócratas cristianos de construir organizaciones capaces de actuar en política para estos fines, y no para administrar en el campo político, lo que requieren los representantes de la concentración económica. para administrar mejor sus mecanismos de apropiación del trabajo y la riqueza de las grandes mayorías.

Hemos puesto el vocablo Refundación, para dar cuenta del desafío de definir la práctica, a partir de la confrontación de nuestras fuentes doctrinarias, con una lectura actualizada del conflicto económico, social y cultural de nuestros tiempos. Será la tensión de la realidad con nuestros principios la que permitirá la articulación entre teoría y práctica.

Lo hemos hecho, porque creemos firmemente que no es la primera vez que ha ocurrido. El PDC se ha refundado varias veces en su historia. En la fundación de la Falange, en la fundación del PDC, y durante la dictadura. No solo reinvento su organización, y renovó su programa, política de alianzas y enriqueció sus filas con nuevos cuadros partidarios, sino que logro motivar y representar a amplios sectores de la sociedad en la acción publica. En esos tres momentos no solo fue una organización, fue un movimiento político que marcó la historia de Chile. Tomic describió esta vocación de la Democracia Cristiana, como un continuo peregrinar “de la aurora a la aurora, sin pasar por el crepúsculo”, cuando se cumplían 50 años desde la fundación de la Falange Nacional, y en Chile imperaba una feroz dictadura.

La crisis DC

Tenia razón Tomic, la legitimidad adquirida con el testimonio de lucha pacifica, la identidad política con vastos sectores de Chile, la capacidad de liderar un camino de democratización, pacificación y reconstrucción nacional, se forjaron en dicho período. De la mano de la mayor coalición política que ha conocido el país, la Concertación de partidos por la democracia, cuyo eje central lo constituyó el reencuentro de la DC y el PS, o dicho de otra forma la unidad política de los tres humanismos de la política chilena. “El socialista, el laico y el cristiano”.

En las causas profundas (agregaré nota aparte sobre el tema) de la derrota electoral autoinfligida por la propia Concertación el pasado 17 de Enero, esta la crisis del PDC y por cierto de todos los partidos de la Concertación. Pero en esta ocasión el tema es el PDC.

Esta crisis es el efecto combinado de varios factores en las formas de hacer política y las condicionantes estructurales del campo en el cual se realiza la política por parte del PDC.

Vamos por parte, la estrategia de transición implica bajar la percepción de amenaza de los componentes de la dictadura, vale decir grupos económicos, FFAA y derecha política. Para esto los partidos opositores, mantienen los elementos centrales de una economía de mercado y cautelan los equilibrios económicos dando garantías para la inversión y el crecimiento económico. Para facilitar la reconciliación, se hace un esfuerzo por la verdad y se facilita la labor de los tribunales en materia de esclarecimiento y castigo a los ofensores de los DDHH. Y finalmente, se opta por desmovilizar a las fuerzas sociales, Asamblea de la Civilidad y no se avanza en la reorganización del tejido social. Es decir se desmoviliza a las fuerzas populares que generaron la presión y la voluntad política de Transición.

Este último punto tiene consecuencias demoledoras para la distribución del poder en los partidos. Este se consolida en grupos internos que reducen su estrategia a la vida interna y a ocupar posiciones de gobierno. El objetivo de la vida partidaria se reduce a promover a los candidatos a las elecciones municipales y parlamentarias, sin consideración alguna a capacidades, inserción en el mundo social, y en demasiados casos incluso, sin considerar propia lealtad partidaria, sino la simple incondicionalidad interna.

Como consecuencia concreta los frentes funcionales, instrumentos clave en la inserción en el movimiento social quedan al borde de la inexistencia. Algunos sencillamente no tienen elecciones. Sus militantes dejan de ser reprentantes del movimiento social ante el partido y el estado y son simple representantes del aparato ante sus organizaciones sociales. Lo opuesto a nuestra convicción de la autonomía de los movimientos sociales. Salvo raras excepciones, la tendencia es general: retrocedemos en la base popular, colegios profesionales y federaciones estudiantiles, o al menos estas organizaciones se contagian de anemia.

Síntomas de esta ceguera y desconexión con la sociedad la constituyen los silencios estructurales: Ausencia de políticas formación de los militantes (salvo esfuerzos aislados), la educación cívica como objetivo de política educacional, ausencia de política comunicacional del PDC (salvo en elecciones y externalizadas), ausencia de apropiación de nuevas tecnologías de la comunicación, opacidad y secretismo sobre el financiamiento y bienes del partido (este se encuentra en situación de quiebra), etc.
De los silencios organizativos, el más grave lo constituye la carencia de organización para procesar ideas, esta solo se hizo desde los cargos de gobierno y además a través de personas, el partido ausente. Eso explica la anemia y la incapacidad de participar en el corazón de la política: “La Batalla de las ideas”.

La división partidaria promovida intencionalmente por los que se van y los que los echan ante el estupor de la gran mayoría de los militantes, en un desangramiento suicida y odioso, que desde el punto de vista político no tiene más justificación que la pugna por el poder interno, sin reglas y sin valoración por el instrumento común. Y cuyas pasiones continúan vivas. Barrer para afuera ha sido la consigna.

La política de Alianzas para la transición.

La política de Alianza se basa en el principio de construcción de una mayoría por los cambios. Esta idea de Tomic, de unir a los dos tercios que están por los cambios democráticos, encuentra su momento en la fase final de la lucha contra la dictadura cuando el escenario esta definido por el itinerario constitucional, que contempla plebiscito el del 88, y hay un evidente desgaste de la estrategia de movilización social. Asimismo, cuaja producto de la necesidad de constituir un referente alternativo al régimen militar capaz de constituirse en Gobierno. Recordemos la tensión generada por el “Carmen Gate” entre unidad para enfrentar a Pinochet versus los cuestionamientos al proceso que consagró a Patricio Aylwin como presidente DC y luego candidato de la concertación. Este será ungido líder pero acogerá la política de alianzas que rechazaba.

Esta alianza nunca llegó a constituirse en una alianza política de las estructuras partidarias, paradojalmente si tuvo atisbos de eso en las primeras etapas. Existían organizaciones que reunían a los partidos en las comunas. Luego esto comenzó paulatinamente a ser solo un sistema, cada vez más escaso de comunicación en periodos electorales. La asunción al gobierno generó una lógica supra partidaria para garantizar la autonomía de los Presidentes. Pero dicha lógica supra partidaria fue respaldada operativamente por un conjunto de influyentes grupos de poder de los distintos partidos de la Concertación, que incluso fueron denominados como “el partido transversal”. El propio peso se estos grupos en la conformación de los equipos gubernamentales les retroalimentó el poder de influencia en sus respectivos partidos. El caso más claro es el de la DC con Martínez como el jefe de la “maquina”, que se mantendrá en una posición relevante salvo cortos periodos y algunos desafíos internos como lo fueron Enrique Krauss y Adolfo Zaldívar.

Paradójicamente en la cultura política, en su lenguaje, la identidad de la Concertación pasa a adquirir identidad propia, reforzada por el sistema electoral binominal que permite legitimar la búsqueda del voto ya no en la identidad partidaria, sino en la adhesión a la Concertación. La primera trampa de Jaime Guzmán (el binominalismo) para romper el esquema de los tres tercios se cierra sobre la yugular de las fuerzas democráticas. Hoy día ya no constituyen dos tercios sino la mitad.

Esta presión por la identidad de las bases de los partidos, al carecer de importancia para el partido transversal, genera dos tensiones distintas. Las hacia afuera de los que sienten que la identidad Concertación ahoga la identidad partidaria. Y las hacia adentro que refuerzan la identidad Concertación desdibujando a los partidos. La presión por las identidades hace estragos en la izquierda de la Concertación que refuerza en algunos casos la mitología anti-DC, con comportamientos seudo-gramcianos. La DC queda entre dos fuegos: como foco de la ofensiva de la derecha para capturar el centro político (a destruir la DC la consigna de la UDI) y a la permanente presión por la retaguardia de sectores como el senador Girardi y el propio Jorge Schaulsson desde la retaguardia.

Los partidos de la concertación y el necesario rediseño de sus relaciones son un elemento clave de una oposición democrática al nuevo gobierno, pero deberán superar esta dicotomía que tensiona sus identidades con la necesaria convergencia para la construcción de mayoría. La idea de la concertación como un solo partido esta muerta desde hace mucho rato, aunque algunos como el camarada Edmundo Pérez Yoma lo postularon en su momento. Con la emergencia de Marco Enríquez Ominami, el PRI y hasta los nuevos movimientos apadrinados desde la propia Concertación como el de Bowen la tarea es más compleja. La presencia combinada del PC ahora con representación partidaria y del PRI, único ejemplo de ruptura del binominal auténticamente autónomo desde que se instauró el sistema, obligan a repensar cuidadosamente la estrategia de construcción de mayorías.

El nuevo contexto.

El campo mediático

El nuevo contexto esta marcado por cambios estructurales en el campo en que se realiza la política. El campo mediático requiere de una acabada comprensión del rol de los medios y de las nuevas tecnologías de la comunicación (tics) en la comunicación política. Sobre estas materias salvo algunos estudios patrocinados por CPU, la DC no ha hecho un examen de nivel. Que posibilidad de enfrentar el principal desafío democrático que nos impone el triunfo de Piñera que ahora tendrá una gran influencia en TVN y el diario la nación, quedando autónomos, de la derecha: The Clinic, El Siglo y la Revista Punto Final.

El individualismo del modelo.

El cambio en la ciudadanía tiene una dimensión individualista consumidora, que esta hegemonizada por la presión hacia el sistema productivo por símbolos de estatus, dados por el consumo y atomización de sus conductas colectivas, dada la exigencia de estabilidad laboral que les impone el modelo económico. Resultando así, una inhibición de las conductas colectivas. Interesante como potencial de acción publica, la constituyen los individualismos compasivos o valóricos, especialmente entre jóvenes que tienen acceso a la modernidad y al consumo y buscan en la solidaridad social el sentido que el mundo materialista no les ofrece, pero que de todas maneras les es difícil salir del contexto de cultural derechas y autoritarismo en el cual están atrapados y que esta sociedad altamente segregada ha reforzado. La derecha ha focalizado su formación de cuadros en este sector.

La dimensión individualista consumidora en los sectores de menores ingresos y altamente segregados adquiere lo que algunos autores llaman paradojalmente el retroceso del individualismo, el retorno a la tribu. Por cierto, frente a la desolación de la escasez y el miedo a la sociedad sin leyes, ni solidaridad, un joven de población se cobija en “la patota”, la barra brava, o sencillamente en la banda juvenil, quien puede culparlos. Tiene funciones de identidad, protección y se consolida con practicas orgiásticas de droga, delincuencia y violencia, etc.

En los sectores integrados y con algún grado de organización, este individualismo consumista se consolida como conductas de presión sobre el sistema productivo sin referencia a solidaridades sociales de ningún tipo, y sin llegar a constituir conductas colectivas que vayan más allá de sus intereses económicos directos. Por cierto, con un afán de “avance social” claramente marcado.

La conciencia de poder

En general, la sociedad chilena tiene una conciencia del poder o de su ausencia, referido a su situación personal, que es un fenómeno de grandes repercusiones en el campo político. De ahí que la gente exija transparencia, desde su computador y todo lo público queda en una pecera, lo opaco es cuestionado y se presume mala intención, o voluntad de manipular. A la gente ya no es tan fácil meterle el dedo en la boca, y además aprende. Aquí uno de los principales errores de esta elección y en particular de la confusa comunicación de MEO. Denuncio bien una forma de hacer política que esta acabada, de secretismo, financiamiento oscuro, dependencia de las grandes empresas, etc. Su error lo constituyó el calificar de esto principalmente a la Concertación, o en la “mejor” de sus declaraciones como igual a la derecha con la concertación. Por eso confundió.

A partir del éxito de las políticas de protección social, surgen dos fenómenos, reforzamiento de conductas paternalistas tradicionales en los sectores mas desposeídos pero mayoritariamente una conciencia de derechos creciente de gente en situación de vulnerabilidad pero que exige mejor trato y verificar un compromiso de aquellos que dicen servirlos. Por cierto, queda un largo camino de dialogo sobre los deberes ciudadanos, materia que ha sido uno de los silencios estructurales ante la ausencia de política pedagógica. La matriz de conversación entre la oferta política y la demanda ciudadana es la del mercado, se ofrece un producto y este comprado o rechazado. Sin pedagogía de convencimiento o concientización en el sentido pedagógico, construir adhesión política desde abajo, desde la comuna, desde el sindicato es revivir el fantasma de la generación que vivió el año 1973 en que se sintieron superados por la expectativas y que es el fantasma de la generación responsable de haber llevado la desmovilización de las fuerzas sociales mas allá de las necesidades de la transición interminable, poniendo en jaque el esfuerzo de profundización democrática.

El componente generacional.

Hay quienes dicen que el componente generacional es superfluo, secundario o amenazante y otros que lo es todo, que basta con poner a gente joven y todo cambiará. Nuestro ángulo es mas bien ideológico, pero sería miope no ver que los últimos 50 traumáticos años de la historia de Chile han marcado diferencialmente a las distintas generaciones. Asimismo lo seria desconocer el potencial de cambio cultural del cuan son portadoras.

La rebelión pinguina es la rebelión de los hijos de aquellos que pudimos luchar contra la dictadura, fueron formados viendo a sus padres actuar con coraje por el cambio democrático, y por lo mismo, tienen conciencia de que la acción colectiva puede representar la diferencia.

La emergencia de liderazgos postergados o emergentes en las filas de la concertación con diagnósticos mas lucidos sobre la realidad actual y portadores de una mística con mayor desapego a las formas tradicionales de relación con los núcleos de poder también representan una potencialidad que jugará un rol central. Por su sintonía con la revolución de las comunicaciones, su comprensión de los nuevos paradigmas históricos, científicos y filosóficos y la capacidad que tengan de cuestionar las mitologías de la política chilena y los lastres a superar para construir una perspectiva histórica nueva para Chile. Pero en ningún caso garantizan esta perspectiva sin un acabado debate ideológico que les permita superar las formas aprendidas de caudillismo, individualismo y sobre todo de la farándula política nacional.

Sin pretender acabar con el diagnostico de este problema esencial para el futuro próximo y su principal desafío: Construir una oposición democrática desde una perspectiva popular y de inspiración cristiana, es necesaria una reflexión en este sentido.

El desafío de ser oposición.

El gobierno de Piñera será respetado como legitimo y los demócratas actuaremos con consecuencia. Más aún esperamos que al país le vaya bien.

Pero seremos una oposición firme en la defensa del legado y obra de la Concertación en estos 20 años, de los derechos de los trabajadores, de los pobres y las capas medias.

Es decir, seremos tenaces opositores al intento de los sectores declaradamente neoliberales de desmontar el estado:
1- en su dimensión productiva (CODELCO, ENAP, BANCO DEL ESTADO, etc.).
2- en su dimensión regulatoria destinada a defender los derechos y el trato a las personas ante los grandes conglomerados económicos y en especial a los monopolios naturales.
3- En su dimensión de protección social a los mas vulnerables y evitar el carácter paternalista y el retroceso de la perspectiva de derechos con que la concertación asumió exitosamente este desafío desde los 90.
4- En la dimensión de los derechos humanos y libertades publicas ante el declarado objetivo de consagrar el olvido y la impunidad.

Por último, garantizar a los trabajadores que no permitiremos ningún retroceso en sus derechos y apoyaremos sus reivindicaciones mas sentidas con una perspectiva de país.
El principal instrumento para determinar que pensamos respecto a cada punto de debate con el futuro gobierno lo constituirán los principales acuerdos del último Congreso Nacional del PDC.

Ningún militante podrá ostentar un cargo de confianza del presidente de la republica durante el próximo periodo constitucional.

Los militantes que estén en cargos de la administración pública deberán responder administrativamente a la autoridad administrativa, pero su conducta política deberá depender de la línea política que el partido adopte. Y los defenderemos en su calidad de funcionarios del estado y no del gobierno. Así como a los miles de independientes que han optado por la función publica como vocación.

Ante cada medida que próximo gobierno proponga y que no corresponda con nuestros principios u opciones tendremos la responsabilidad de contraponer nuestras propias alternativas en coalición con todos los sectores que lleguen acuerdo con nosotros.

El momento histórico que enfrentamos requiere asumir los desafíos actuales con coraje y profundidas. Volverán a ser las ideas las que conduzcan las acciones políticas.
El Partido Demócrata Cristiano debe realizar esta profunda revisión de lo realizado y de los errores cometidos, con humildad que abre los ojos, con sentido de autocrítica que abre los oídos, con la prudencia que permite decidir lo importante de lo subalterno, con sinceridad que permite evitar los silencios cómplices y dar la confianza de que se hace responsable de lo que se dice.

Pero sobre todo con coraje para enfrentar la incomprensión y fraternidad para conseguir la unidad una vez acordado los caminos a seguir.

Estoy convencido que re-unir a la comunidad DC es un imperativo de la hora actual, todos tendrán que aportar en esta tarea.

Será la confrontación de nuestras fuentes de inspiración ideológica con los conflictos actuales de nuestro tiempo de donde emane la verdadera refundación del pensamiento y de la acción política de los Demócratas Cristianos.

*** La foto es de propiedad de Marcelo Mayorga y fue tomada en Golfo de Ancud.
Con una camara NIKON 370.

3 comentarios:

Unknown dijo...

100% DE ACUERDO CON EL ANALISIS HUMBERTO.

Unknown dijo...

Por fin alguien resucita la siempre latente tesis de "la unidad política y social del pueblo" para construir una sana política de alianzas. También formulada, en su expresión ideológica en esa trilogía de los humanismos que tu expresas muy atinadamente. Comparto tu documento... Sólo me choca lo de 2Refundar el PDC"... yo estuve cerca de su fundación el 57 y no veo circunstancias tan graves como para usar esa expresión, pero es sólo una objeción semántica, o "comunicacional" como suele usarse por estos tiempos.

Muy buen análisis y mejor propuesta... siempre que no se insista en hacer exclusión generacional, negando de hecho lo que es urgente restablecer: una sana y vital democracia interna, incluyente y reguladora de la convivencia DC.

Unknown dijo...

Comentario anterior es de Esteban Cassot
Me enredé con la identificación.