jueves 25 de agosto de 2011

A mi camarada Jorge Matute



Vengo en despedir a mi camarada y amigo Jorge Matute Matute que tras una larga lucha contra el cáncer ha pasado ha la nueva vida.

Conocí a Jorge en los tiempos aciagos de la lucha por la democracia. Hermanados en la militancia democratacristiana con la herencia de Frei, Leighton, Tomic, Palma y otros, comprometíamos nuestras vidas en la defensa de los derechos humanos y la recuperación democrática.

Hombre de testimonio en las luchas de los trabajadores del petróleo, se alzaba como un líder junto a Barrientos, Ruiz di Giorgio y Gálvez, alzando las banderas de liberación de la persona humana en el campo del trabajo.

Desde el campo de la lucha estudiantil universitaria nos encontramos en la construcción de la alianza histórica de trabajadores y estudiantes, en la construcción de la Asamblea de la Civilidad y en las protestas contra la dictadura de Pinochet.

Fuimos camaradas en la reconstrucción de un Bloque por los Cambios que le diera una salida pacifica a la democracia a nuestro país, con el objetivo claro de construir una “Patria para todos”.

Nos toco perder y llorar a nuestros camaradas y compañeros que cayeron en esa lucha junto a esos imprescindibles que nos faltan hoy día como Maria y Manuel.

Cuando logramos la recuperación de la democracia, nos mantuvimos en alto clamando por su profundización y el fin de los enclaves autoritarios dejados por la transición que no acababa. Rechazamos juntos las pretensiones del dictador de constituirse como una figura institucional blanqueada, tras la valiente acusación constitucional liderada por diputados democratacristianos, como Palma, Acuña, Ascencio, Jocelyn Holt y otros.

Nos encontramos en la ENAP, el era local, yo me integré a la comunidad de defensores de la herencia de los pioneros del Petróleo. Allí había que resistir la tentación privatizadora que rondaba incluso a las filas de la Concertación. Ignorantes de la relevancia de ENAP como el principal instrumento de política energética en manos del Estado.

Me toco acompañar a Jorge en los mas dolorosos momentos que puede vivir un padre, la desaparición primero y la constatación de la pérdida de su querido hijo Coke. Recuerdo su desesperación pero inmensa hombría para mantener la preocupación de la opinión pública acerca del caso, que hasta el día de hoy se mantiene sin conclusión.

Jorge fue un hombre bravo, irreductible en sus convicciones y en su amor por Chile y los trabajadores. Un dirigente sindical de excepción.

Hoy día que es un lugar común denostar la política y a los políticos, debo recordarles a los chilenos que se fue un hombre que jamás escondió sus ideales políticos, con orgullo enarboló la lucha sindical en la mejor tradición de la democracia cristiana, la autonomía de los movimientos sociales. Jorge siempre fue un representante de los trabajadores ante el partido, nunca un manipulador partidario entre los trabajadores.

Porque tu ejemplo sea una semilla en las generaciones de trabajadores chilenos y tu testimonio sea, también, parte de la herencia demócrata cristiana, vengo a darte mi despedida, mi agradecimiento y mi homenaje Camarada y amigo.
Por sus frutos los conocereis...

Humberto Burotto Guevara.


miércoles 29 de junio de 2011

Sobre las movilizaciones.




Es notable la interpretación que los medios de comunicación de masas hacen respecto a la movilización popular que ocupa nuestras calles. Desde la agonía medioambiental por la patagonia y la amenaza de los capitales transnacionales de la electricidad, que buscan monopolizar el agua, de todos los chilenos, hasta la rebeldía audaz de los jóvenes secundarios, pasando por un movimiento universitario que une a estudiantes, profesores e incluso rectores para cuestionar un sistema educacional que se funda sobre la base del “negocio” y de la mala calidad. Los medios reaccionan interpretando esta efervescencia como un hecho noticioso, pero carente de profundidad histórica. La verdad es que al igual que el gobierno y la oposición se equivocan.

Mas allá de las movilizaciones obtengan objetivos concretos, cuestión muy probable, o fracasaran estrepitosamente, sin lograr los fines demandados, asistimos a un fenómeno mucho mayor de nuestra vida ciudadana en esta “común-unidad” que llamamos Chile.

El gobierno y los partidos asisten como actores secundarios a esta protesta generalizada, diseñando estrategias improvisadas para dar cuenta de esta notable autonomía de lo social ciudadano. ¿Es un triunfo de la ideología medioambientalista?, sin dudas si, pero no solo eso. Y cometerían un grave error de diagnostico sus brillantes lideres si lo interpretaran así. ¿Es un cuestionamiento de fondo al modelo económico? Cabe aquí la misma respuesta. Las interpretaciones de menor envergadura que solo ven en este fenómeno un fracaso del gobierno se alejan mas aun de una interpretación que de cuenta de esta “efervescencia”.

La crisis de representación política que esta a la base del “malestar de las masas” que salen a la calle, enarbolando un ramillete de consignas imprecisas y que carecen de una alternativa que incluso ayude a una negociación como salida a la tensión, marcando alguna dirección, demuestra que es un malestar profundo, pero con altos grado de incertidumbre. Si bien esta no es una crisis revolucionaria. Si puede constituirse como una base de modelación de actitudes que permitan un cambio histórico en Chile. Por si mismas no harán el trabajo. Pero se equivocan quienes piensan que después de estas protestas Chile continúa igual.

La pregunta a la mal llamada clase política radica en un tema que ha sido estigmatizado por ella misma, su capacidad creadora para ofrecer cambios en su propia área, el campo de las denominadas reformas políticas.

Para la derecha esto constituye una derrota ideológica difícil de aceptar, pero que tiene en su base una precipitación impulsada por su propio discurso, oponiéndose a las reformas políticas: los problemas de la gente. Pues ahí están los problemas de la gente, centenares de miles de chilenos movilizándose enérgicamente, por temas considerados, en cualquier parte del mundo y época como importantes, y vendrán más.

Desde el régimen autoritario, han apostado por limitar la participación política y minimizar la actividad política, por considerarla fuente de critica al modelo de acumulación inherente al desarrollo capitalista, limitar la capacidad de acción del estado como fuente de desequilibrios e intentar liberar la vida económica y social a la hachón orientadora del mercado. De hecho sus ideólogos participaron en l diseño constitucional, con mecanismos de estrangulamiento de actividad política, mas precisamente de los partidos. Aún subsiste un sistema de participación electoral excluyente y un sistema binominal que asegura capacidad de veto parlamentario a la minoría limitando el pluralismo de pasada. Si agregamos a esto la responsabilidad compartida de los sectores dominantes de nuestra sociedad, evitando activamente la formación cívica como un requisito del desarrollo democrático y de la educación, tenemos una combinación explosiva.

Nuestra democracia, vuelve a estar en riesgo, esta vez no por el peligro del autoritarismo como amenaza directa, sino por su incapacidad de legitimarse frente a un descontento creciente. Deslegitimación que procede de su falsificación en los hechos. Nuestra democracia o se democratiza o perece abriendo paso a alternativas autoritarias. O gobierna la democracia o viene el desgobierno. La utopía de los poderes facticos es solo posible sin democracia.

Es notable que ante el fracaso de un dialogo gobierno oposición la vocera de gobierno acuse a la oposición de solo estar interesados en reformas políticas. Más notable aun que la oposición se sieta insultada o acusada injustamente, cuando una crisis de representación, como la que se va gestando en Chile, amerita al menos eso: Reformas políticas.

Para la oposición el panorama no es mejor, solo la oposición concertacionista es capaz de tener mayor rechazo que el propio gobierno. En una confusión, sin precedentes aparece ridícula ante la opinión pública intentando liderar un proceso, que no ha gestado ni que es capaz de conducir ni gestar. Solo el gobierno en su imaginación, puede pensar que estas protestas son producto de un maquiavelismo concertacionista. Ya quisiera la Concertación tener ese poder. Ni los comunistas pueden emular al Pinochet de la transición que declaraba ser el único capaz de gestar una insurrección y al mismo tiempo controlarla. Este movimiento social, se desarrolla a pesar de los partidos.

Derechas e izquierdas, mas allá de sus crisis de liderazgo y el vacío imaginativo que demuestran, deben asumir que incluso en un modelo de “desarrollo” que se basa en la acumulación, el campo político juega un rol relevante para mediar las necesidades e intereses de las grandes mayorías, y al mismo tiempo para generar los espacios de libertad y creación cultural que permiten la innovación y motivación de los pueblos imprescindibles para su estabilidad. La inequidad social que existe en Chile solo puede ser procesada por la profundización democrática y el fortalecimiento de la sociedad. En síntesis, si queremos desarrollo económico y humano requerimos, mejor política y mas democracia, lo otro es una renuncia a nuestro futuro histórico.

lunes 10 de enero de 2011

Con la ENAP NO.


Para nadie es un misterio que los círculos de poder que conforman el actual gobierno están interesados en privatizar la ENAP. Hace poco un matutino de la capital informaba de los sondeos de opinión que los actuales ejecutivos están haciendo sobre el tema.

Esta es un a vieja ambición declarada pues esta empresa estatal y CODELCO constituyen el principal botín codiciado por los neoliberales locales. Pero también por las transnacionales del sector petrolero en nuestra región. Que en cualquier caso serian los verdaderos compradores de tres refinería, pozos de gas y potencialidades de extracción secundaria.

ENAP fue la respuesta del estado ante el fracaso de los privados ante el desafió de explotar los hidrocarburos abundantes en Chile en la zona austral. Y ha constituido el principal instrumento de política energética del Estado chileno por más de cincuenta años.

Ante la ultima gran crisis energética de nuestro país, generado por el fracaso de la iniciativa privada para mantener el abastecimiento de gas natural desde Argentina, fue la ENAP por mandato del presidente Ricardo Lagos la que le ha entregado la seguridad de abastecimiento de este vital hidrocarburo al sistema productivo nacional y a precios convenientes y de mercado.

La seguridad energética que ENAP le ha entregado a Chile tiene un valor estratégico y geopolítico fundamental que ni siquiera en la dictadura el apetito neoliberal pudo doblegar.

Pero las estrategias se afinan, ya no se limitan a la increíble monserga de la superioridad de la gestión privada, desmentida durante años con indicadores de eficiencia económica y productiva, indiscutible. Ahora se promueve, por torpeza política y falta de capacidad de gestión empresarial de las nuevas autoridades, en materias de comunicación y transparencia, imprescindibles en el gerenciamiento empresarial del siglo XXI, un populismo privatizador que busca descapitalizar esta empresa de todos los chilenos, para ponerla en situación de privatización.

El mercado de los combustibles en Chile ha dado durante muchos años precios competitivos y transparentes, incluso comparados con países productores de crudo y con políticas económicas proteccionistas, permitiendo mejoras de la calidad medioambiental de los productos que ENAP produce. Si embargo, la codicia antipatriótica pertinaz e irresponsable persiste.

La derecha ha bombardeado con criterio populista la tributación especial de los combustibles sabiendo que es el impuesto mas redistibutivo con el que cuenta el arsenal del estado, en un país cuyo principal problema de integración social lo constituye la desigualdad. La miopía con que hace política el oficialismo, en materia energética, le explota en la cara a sus autores, como le ocurrirá con otras materias como la delincuencia y los mitos elaborado por sus propagandistas y sus puertas giratorias.

Esta vez explotó en Magallanes, con el pueblo en las calles, sin distinción de colores, marchando no solo por el precio del gas sino que fundamentalmente por el abandono.

ENAP ha sido el principal anclaje de la soberanía austral y eso Magallanes lo sabe. Se sienten legítimos herederos de los pioneros y están curtidos por el aislamiento y el frío.

En Magallanes nuestros compatriotas australes juegan Truco y le están diciendo, a los soberbios e ignorantes ministros, quiero retruco. El concurso de popularidad de Hinzpeter no es el problema, ese ya lo tiene perdido, el problema radica en políticas públicas coherente para la región, en este caso de suministro de energía en un territorio donde este es un problema de vida o muerte. Pero también un llamado de atención sobre el futuro de esta empresa que unos pocos quieren comprar. Alguna vez se acuño una consigna contra las estatizaciones, esta vez es contra las privatizaciones: La ENAP NO.


domingo 26 de diciembre de 2010

Sobre la delincuencia.



La catástrofe de la cárcel de San Miguel y la crisis carcelaria, a nivel nacional, ha abierto una ventana para mirar el problema de la delincuencia con una perspectiva más amplia, sobre la complejidad que el tema representa. Por cierto, la deslegitimación creciente de las mitologías generadas en los últimos años, constituye una oportunidad para que un debate en la opinión pública que permita una comprensión mayor sobre los desafíos que enfrenta nuestra sociedad para controlar este problema.

Los lugares comunes de políticos y medios de comunicación tales como “puertas giratorias”, “manos duras”, “manos blandas”, etc., son el producto de un populismo punitivo, cuchillo de doble filo, construido para obtener ventajas electorales, y que ahora se transforma en una bomba que les explota en la cara a sus autores.

Este populismo punitivo diseñado por los “ideólogos” de la derecha criolla tuvo un éxito avasallador generando una química, excepcional y explosiva, con el sensacionalismo mediático, componente siempre presente en la industria comunicacional,  constantemente presionada por la noción de rating. Pero lo más importante fue el éxito ideológico que tuvo en la elite, de los sectores autodenominados progresistas, que carentes de reflexiones de fondo sobre el asunto, y consumidos por la anemia ideológica, después de veinte años de gobierno, asumieron el discurso con cierta incomodidad pero casi sin resistencia.

Asistimos pues a uno de los síntomas que mejor ejemplifican la reestructuración de las relaciones sociales que Chile enfrenta como sociedad desde la década de los ochenta. Al proceso de transformación institucional político económico desarrollado por el régimen militar. Dicha transformación articulada en torno a las modernizaciones del proyecto neoliberal liderado por los economistas de Chicago, reestructura el aparato productivo y el rol del estado en posición de subsidiario potenciando la racionalidad de mercado como eje central de la articulación de la sociabilidad. Dicho proceso en su versión extrema busca con el apoyo del estado la pulverización de la organización social y comunitaria, aislando a la familia y dejándola inerme ante la exclusión económica y debilitando su capacidad de integración social.

El fenómeno de globalización de la droga y de su comercialización de tipo delictual, producirá la casi destrucción de las subculturas de la delincuencia tradicional, incluso en un proceso de guerra abierta en las principales poblaciones pobres de Chile. El trafico reemplazará al hampa como modelo hegemónico de organización delictual pero produciendo un nuevo tipo de delincuente mas agresivo ( o desesperado) asociado al consumo de estupefacientes cada vez mas adictivos y de efectos crecientemente desintegradores.

La destrucción de sindicatos, organizaciones comunitarias y en general toda la sociabilidad de orientación solidaria, se produce también  por cambio cultural con un rol clave del aparato mediático capitalista y sus valores de competencia y consumismo, dejando a los individuos de los sectores mas vulnerables compelidos a la sociabilidad defensiva de sobrevivencia y de identidad social, la pandilla, la barra, etc.

El vacio de reflexión, y acción del sistema educacional, del estado y la debilidad del sistema productivo para articular el desarrollo del tejido social, ha dejado generaciones completas de jóvenes de los sectores mas vulnerables sin los instrumentos para construir y controlar los espacios sociales. Los intentos de los municipios de desarrollar infraestructura, visiones de manejo comunitario de los espacios públicos han terminado sucumbiendo a la visión del populismo punitivo.

Sin asumir, el desafió de participación y disciplina social que requiere la disminución o control del fenómeno de la delincuencia seguiremos en el absurdo de llenar cárceles, convirtiendo a la represión, siempre necesaria en un potenciador del fenómeno, apagando el incendio con bencina. Las cárceles como escuela del delito y las culturas de la delincuencia como alternativas políticas legitimas de resistencia a la dominación y exclusión social.

No se puede excluir ninguna de las políticas sociales que se han desarrollado hasta ahora, pero se les debe dotar de un sentido superior al mero indicador económico como superación de la pobreza, o a un llamado a una ciudadanía política que es percibida como una forma de manipulación o simplemente extemporánea, por los sujetos de esta “realidad”.

Mucha atención deben tener los sectores “progresistas” y “conservadores”, con el juego y la banalización en torno al debate del aborto, pues no estamos lejos del día en que se proponga como solución de largo plazo para este problema de generaciones de indeseables antisociales, el evitar su nacimiento. Serán los sectores conservadores no religiosos quienes propondrán esta panacea que además en otras latitudes ha demostrado eficacia.

Es probable que el gobierno y las oposiciones entiendan esta crisis como un problema sectorial, y este debate que apenas existe, quede en un episodio más, con algunos efectos colaterales. Pero propongo la hipótesis de que la delincuencia es un problema inmanejable para este gobierno y cualquier otro si no se asume como uno de los principales indicadores de desintegración social y subdesarrollo de nuestro “milagro chileno”. Las estadísticas pueden ser manipuladas pero el problema de fondo no. Y los campeones de la “batalla de las ideas” se encuentran reprobando en la comprensión de su lectura.


sábado 11 de diciembre de 2010

Celebro los Derechos Humanos.

Celebro los Derechos Humanos.

“Me propongo agitar e inquietar a la gente.
No vendo pan sino la levadura”.
Miguel de Unamuno.
“Cartas ineditas” 1893,


En el día en que se celebran los Derechos Humanos, cuando ya se acaba el 2010, el panorama esta en movimiento.

La defensa de la persona humana no descansa, en todos los rincones del mundo.

Lu Wiaobo, esta preso en China sin poder asistir a recibir el Nóbel de la Paz. El gigante amarillo construye un muro virtual, para tapar los ojos y los oídos del pueblo, que permanezca cautivo del poder dictatorial. El desafío ha sido al mundo, que compremos y vendamos, pero que no opinemos ni colaboremos con el pueblo Chino, sin permiso de los amos. Del Nepal ya ni se habla, pero es peor que el apartheid.

En Cuba, la patria “socialista” el gobierno organiza  a los “matones” para que golpeen a las “damas de blanco”, y liberen a la policía de tamaña cobardía. Mas sutil, la “revolución de Fidel”, se plantea como “apertura”: el exilio. Que se vayan los presos políticos de la dictadura familiar.

Mas siniestro en todo caso Corea del Norte, belicosa y vigilante. Dictadura que castiga los fracasos deportivos, a jugadores y entrenadores. Y ya se apronta el nieto,  para asumir el mando absoluto, heredero de la doctrina “suché” de Kim. Mas al sur, en Myanmar, la dictadura militar se fortalece la ideología de las esmeraldas y de rubíes. Sola y firme la enfrenta una mujer.

De construir muros y poner cara de victima, el gobierno israelí, no le va en saga al esfuerzo Chino, en la lógica de apartheid.

El presidente Obama pierde apoyo y lo recupera el señor Bush. No ha cerrado la cárcel de Guantánamo, no se ha salido de Irak ni de Afganistán. Esas son invasiones militares que atropellan cada día los derechos humanos. Ni siquiera ha terminado con el bloqueo a Cuba, pretendiendo dar lecciones de democracia y libertad. Y ahora persiguen a Wikileaks, pues la verdad es siempre incomoda cuando traiciona al “american dream”.

En Colombia se abren las fosas y se encuentra gente desaparecida por el gobierno y la guerrilla hace del secuestro el combustible hacia el poder.

En Méjico los sicópatas del narcotráfico ya atentan contra todo lo que sea institución, y el ejercito en la guerra, destruye tanto como su “enemigo”. La gente muere por las calles,…”venid a ver la sangre por las calles”…, que no la tape la corrupción.

En este recuento, me faltan países, continentes enteros. Pido que me disculpen.
No he pretendido que sea profundo, ni acabado en los argumentos, ni en su extensión. Es solo que quiero recordarles, que las luchas continúan. Aunque algunos estemos mas viejos o mas cómodos todavía no se puede callar.
Que la lucha sigue, sin importar en donde ocurra el atropello, pues las fronteras son una ilusión. Y si revisamos por nuestro barrio, el incendio de la cárcel todavía no se extinguío.

Decía un hombre muy sabio que la democracia estaba, donde había alguien que luchaba por los derechos de los demás.

Yo digo que allí radica la esperanza y la dignidad. Esa fue la lección que, con dolor, un día aprendimos, y hoy venimos a recordar.

Patria por la vida Ven-seremos.

miércoles 8 de diciembre de 2010

Llegamos a fin de año.


El nuevo gobierno desde ahora deja de ser nuevo. Se acabó “el veranito de San Juan”, el estado de gracia inicial. Ya no sirve echarle la culpa a Bachellet, a la Concertación y/o a los demás. Eso ya se ha hecho reiteradamente, y ya convence poco, solo resiste como muletilla provocadora.


Siembra vientos y cosecha tempestades.

Después del momento estelar del rescate de los mineros, todo será cuesta abajo comunicacionalmente, en unanimidad, popularidad y emocionalidad.

La voceria ha generado conflicto, la estrategia de mostrar cosas con el fin de aparecer haciendo y eficiente, le ha quitado sentido a los proyectos. Por ejemplo en educación las medidas aparecen aisladas y los anuncios rimbombantes impiden ver un sentido. Incluso las que debieran ser correctas no se ven así. El archipiélago de acción con megáfono y TV, termina por desorientar, sobre todo si el Presidente esta en todas. La “no estrategia” comunicacional de concentrarlo todo en el presidente, produce desgaste, aburrimiento y peca de falta de estética. De hecho, el rol del presidente acentúa la certeza de que es incontrolable para el “equipo” de gobierno.

El rompimiento agresivo con el Parlamento, cuando se es minoría es  una pésima estrategia para el gobierno y sobre todo para el país.

El costo de haber hecho demagogia, durante la campaña con promesas de no hacer despidos, generando una decepción mayor que la de los naturales cambios de equipos.

Un Paro nacional antes de culminar el primer año y solo una reforma “importante” en el Congreso dice que este gobierno ya desplegó su ADN.

Oposición y partidarios sabemos lo que podemos esperar, no hay nada mas que esto.

Los partidos de la coalición gobernante estarán evaluando lo dolorosamente lógico, el problema de la sucesión. Y este estará focalizado en las municipales, ojo con los recursos de gobierno para las comunas.

La forma de asumir las crisis se ejemplifica en la crisis carcelaria y en la tragedia de San Miguel.

¿Qué Oposición?.

La oposición esta siguiendo el camino largo. Aproximaciones paulatina y sucesivas para desarrollar una estrategia. Versus el, al parecer desechado camino, de la discusión abierta de las alternativas. Esto pasa por decidir sobre la disolución o no de la Concertación de partidos. Aquí radica la definición acerca de en que consiste la renovación y forma de constituir una oposición. Sin una discusión, acerca de las causas de la derrota, una explicación acerca de las divisiones, y una reflexión critica de la obra realizada por nuestros gobiernos, será difícil, definir alianzas, definir programas y escoger liderazgos. Se corre el serio riesgo de seguir haciendo mas de lo mismo y cosechando derrotas del mismo tipo.

Esta claro que no basta que el gobierno cometa errores, o que lo haga mal. Lo que el país espera es una alternativa que pretenda hacer mejor las cosas. Y mas aún, los propios partidarios de lo que fue la concertación requieren la formulación de proyectos para el país de mayor alcance que los debatidos hasta ahora, desde el comienzo de la transición. Existe un cuestionamiento profundo al modelo de desarrollo actual, en sus componentes económicos, sociales e incluso culturales.
Pero si el camino se limita a construir un acuerdo electoral para las municipales, que es sin duda, muy importante, el rechazo será mayoritario.

Se corre el riesgo de que la articulación de la oposición se haga a pesar de los partidos y de los líderes, convocando al peor fantasma de aquellos que están por los cambios, el populismo.

lunes 25 de enero de 2010

Notas sobre renovación Política II


La Refundación del PDC.

Hemos puesto este vocablo en el debate partidario, de manera intencional y reflexionada. No solo es un esfuerzo de desligarse de las simplificaciones y lugares comunes existentes sobre el desafío de “aggiornamiento” de los partidos (recambio, renovación, etc.). Es necesario, terminar con la sobre simplificación de las argumentaciones generacionales, de estilos, de rostros, etc. El problema es político pero se sitúa primero, a nivel ideológico.

El conflicto político de nuestro tiempo, se sitúa en la disputa entre el concepto del hombre que sustentamos como hecho a imagen y semejanza de Dios, en oposición a quienes ven a un simple animal evolucionado con destellos de racionalidad.

En el concepto de libertad que algunos sostienen, que justifican la explotación de millones de personas, en el afán de ser libres para apropiarse de la naturaleza y la riqueza, sin consideración por sus congeneres actuales y futuros. Y no en la libertad nuestra, que nace del amor al hombre, a todo el hombre, y a la creación. En el fondo aplican mecánicamente la ley de la selva, a la vida social de los seres humanos.

En el rechazo que hacemos del capitalismo salvaje, por su fracaso moral y político para darle caminos de liberación a la humanidad.

Y por tanto, por la exigencia para quienes dicen llamarse demócratas cristianos de construir organizaciones capaces de actuar en política para estos fines, y no para administrar en el campo político, lo que requieren los representantes de la concentración económica. para administrar mejor sus mecanismos de apropiación del trabajo y la riqueza de las grandes mayorías.

Hemos puesto el vocablo Refundación, para dar cuenta del desafío de definir la práctica, a partir de la confrontación de nuestras fuentes doctrinarias, con una lectura actualizada del conflicto económico, social y cultural de nuestros tiempos. Será la tensión de la realidad con nuestros principios la que permitirá la articulación entre teoría y práctica.

Lo hemos hecho, porque creemos firmemente que no es la primera vez que ha ocurrido. El PDC se ha refundado varias veces en su historia. En la fundación de la Falange, en la fundación del PDC, y durante la dictadura. No solo reinvento su organización, y renovó su programa, política de alianzas y enriqueció sus filas con nuevos cuadros partidarios, sino que logro motivar y representar a amplios sectores de la sociedad en la acción publica. En esos tres momentos no solo fue una organización, fue un movimiento político que marcó la historia de Chile. Tomic describió esta vocación de la Democracia Cristiana, como un continuo peregrinar “de la aurora a la aurora, sin pasar por el crepúsculo”, cuando se cumplían 50 años desde la fundación de la Falange Nacional, y en Chile imperaba una feroz dictadura.

La crisis DC

Tenia razón Tomic, la legitimidad adquirida con el testimonio de lucha pacifica, la identidad política con vastos sectores de Chile, la capacidad de liderar un camino de democratización, pacificación y reconstrucción nacional, se forjaron en dicho período. De la mano de la mayor coalición política que ha conocido el país, la Concertación de partidos por la democracia, cuyo eje central lo constituyó el reencuentro de la DC y el PS, o dicho de otra forma la unidad política de los tres humanismos de la política chilena. “El socialista, el laico y el cristiano”.

En las causas profundas (agregaré nota aparte sobre el tema) de la derrota electoral autoinfligida por la propia Concertación el pasado 17 de Enero, esta la crisis del PDC y por cierto de todos los partidos de la Concertación. Pero en esta ocasión el tema es el PDC.

Esta crisis es el efecto combinado de varios factores en las formas de hacer política y las condicionantes estructurales del campo en el cual se realiza la política por parte del PDC.

Vamos por parte, la estrategia de transición implica bajar la percepción de amenaza de los componentes de la dictadura, vale decir grupos económicos, FFAA y derecha política. Para esto los partidos opositores, mantienen los elementos centrales de una economía de mercado y cautelan los equilibrios económicos dando garantías para la inversión y el crecimiento económico. Para facilitar la reconciliación, se hace un esfuerzo por la verdad y se facilita la labor de los tribunales en materia de esclarecimiento y castigo a los ofensores de los DDHH. Y finalmente, se opta por desmovilizar a las fuerzas sociales, Asamblea de la Civilidad y no se avanza en la reorganización del tejido social. Es decir se desmoviliza a las fuerzas populares que generaron la presión y la voluntad política de Transición.

Este último punto tiene consecuencias demoledoras para la distribución del poder en los partidos. Este se consolida en grupos internos que reducen su estrategia a la vida interna y a ocupar posiciones de gobierno. El objetivo de la vida partidaria se reduce a promover a los candidatos a las elecciones municipales y parlamentarias, sin consideración alguna a capacidades, inserción en el mundo social, y en demasiados casos incluso, sin considerar propia lealtad partidaria, sino la simple incondicionalidad interna.

Como consecuencia concreta los frentes funcionales, instrumentos clave en la inserción en el movimiento social quedan al borde de la inexistencia. Algunos sencillamente no tienen elecciones. Sus militantes dejan de ser reprentantes del movimiento social ante el partido y el estado y son simple representantes del aparato ante sus organizaciones sociales. Lo opuesto a nuestra convicción de la autonomía de los movimientos sociales. Salvo raras excepciones, la tendencia es general: retrocedemos en la base popular, colegios profesionales y federaciones estudiantiles, o al menos estas organizaciones se contagian de anemia.

Síntomas de esta ceguera y desconexión con la sociedad la constituyen los silencios estructurales: Ausencia de políticas formación de los militantes (salvo esfuerzos aislados), la educación cívica como objetivo de política educacional, ausencia de política comunicacional del PDC (salvo en elecciones y externalizadas), ausencia de apropiación de nuevas tecnologías de la comunicación, opacidad y secretismo sobre el financiamiento y bienes del partido (este se encuentra en situación de quiebra), etc.
De los silencios organizativos, el más grave lo constituye la carencia de organización para procesar ideas, esta solo se hizo desde los cargos de gobierno y además a través de personas, el partido ausente. Eso explica la anemia y la incapacidad de participar en el corazón de la política: “La Batalla de las ideas”.

La división partidaria promovida intencionalmente por los que se van y los que los echan ante el estupor de la gran mayoría de los militantes, en un desangramiento suicida y odioso, que desde el punto de vista político no tiene más justificación que la pugna por el poder interno, sin reglas y sin valoración por el instrumento común. Y cuyas pasiones continúan vivas. Barrer para afuera ha sido la consigna.

La política de Alianzas para la transición.

La política de Alianza se basa en el principio de construcción de una mayoría por los cambios. Esta idea de Tomic, de unir a los dos tercios que están por los cambios democráticos, encuentra su momento en la fase final de la lucha contra la dictadura cuando el escenario esta definido por el itinerario constitucional, que contempla plebiscito el del 88, y hay un evidente desgaste de la estrategia de movilización social. Asimismo, cuaja producto de la necesidad de constituir un referente alternativo al régimen militar capaz de constituirse en Gobierno. Recordemos la tensión generada por el “Carmen Gate” entre unidad para enfrentar a Pinochet versus los cuestionamientos al proceso que consagró a Patricio Aylwin como presidente DC y luego candidato de la concertación. Este será ungido líder pero acogerá la política de alianzas que rechazaba.

Esta alianza nunca llegó a constituirse en una alianza política de las estructuras partidarias, paradojalmente si tuvo atisbos de eso en las primeras etapas. Existían organizaciones que reunían a los partidos en las comunas. Luego esto comenzó paulatinamente a ser solo un sistema, cada vez más escaso de comunicación en periodos electorales. La asunción al gobierno generó una lógica supra partidaria para garantizar la autonomía de los Presidentes. Pero dicha lógica supra partidaria fue respaldada operativamente por un conjunto de influyentes grupos de poder de los distintos partidos de la Concertación, que incluso fueron denominados como “el partido transversal”. El propio peso se estos grupos en la conformación de los equipos gubernamentales les retroalimentó el poder de influencia en sus respectivos partidos. El caso más claro es el de la DC con Martínez como el jefe de la “maquina”, que se mantendrá en una posición relevante salvo cortos periodos y algunos desafíos internos como lo fueron Enrique Krauss y Adolfo Zaldívar.

Paradójicamente en la cultura política, en su lenguaje, la identidad de la Concertación pasa a adquirir identidad propia, reforzada por el sistema electoral binominal que permite legitimar la búsqueda del voto ya no en la identidad partidaria, sino en la adhesión a la Concertación. La primera trampa de Jaime Guzmán (el binominalismo) para romper el esquema de los tres tercios se cierra sobre la yugular de las fuerzas democráticas. Hoy día ya no constituyen dos tercios sino la mitad.

Esta presión por la identidad de las bases de los partidos, al carecer de importancia para el partido transversal, genera dos tensiones distintas. Las hacia afuera de los que sienten que la identidad Concertación ahoga la identidad partidaria. Y las hacia adentro que refuerzan la identidad Concertación desdibujando a los partidos. La presión por las identidades hace estragos en la izquierda de la Concertación que refuerza en algunos casos la mitología anti-DC, con comportamientos seudo-gramcianos. La DC queda entre dos fuegos: como foco de la ofensiva de la derecha para capturar el centro político (a destruir la DC la consigna de la UDI) y a la permanente presión por la retaguardia de sectores como el senador Girardi y el propio Jorge Schaulsson desde la retaguardia.

Los partidos de la concertación y el necesario rediseño de sus relaciones son un elemento clave de una oposición democrática al nuevo gobierno, pero deberán superar esta dicotomía que tensiona sus identidades con la necesaria convergencia para la construcción de mayoría. La idea de la concertación como un solo partido esta muerta desde hace mucho rato, aunque algunos como el camarada Edmundo Pérez Yoma lo postularon en su momento. Con la emergencia de Marco Enríquez Ominami, el PRI y hasta los nuevos movimientos apadrinados desde la propia Concertación como el de Bowen la tarea es más compleja. La presencia combinada del PC ahora con representación partidaria y del PRI, único ejemplo de ruptura del binominal auténticamente autónomo desde que se instauró el sistema, obligan a repensar cuidadosamente la estrategia de construcción de mayorías.

El nuevo contexto.

El campo mediático

El nuevo contexto esta marcado por cambios estructurales en el campo en que se realiza la política. El campo mediático requiere de una acabada comprensión del rol de los medios y de las nuevas tecnologías de la comunicación (tics) en la comunicación política. Sobre estas materias salvo algunos estudios patrocinados por CPU, la DC no ha hecho un examen de nivel. Que posibilidad de enfrentar el principal desafío democrático que nos impone el triunfo de Piñera que ahora tendrá una gran influencia en TVN y el diario la nación, quedando autónomos, de la derecha: The Clinic, El Siglo y la Revista Punto Final.

El individualismo del modelo.

El cambio en la ciudadanía tiene una dimensión individualista consumidora, que esta hegemonizada por la presión hacia el sistema productivo por símbolos de estatus, dados por el consumo y atomización de sus conductas colectivas, dada la exigencia de estabilidad laboral que les impone el modelo económico. Resultando así, una inhibición de las conductas colectivas. Interesante como potencial de acción publica, la constituyen los individualismos compasivos o valóricos, especialmente entre jóvenes que tienen acceso a la modernidad y al consumo y buscan en la solidaridad social el sentido que el mundo materialista no les ofrece, pero que de todas maneras les es difícil salir del contexto de cultural derechas y autoritarismo en el cual están atrapados y que esta sociedad altamente segregada ha reforzado. La derecha ha focalizado su formación de cuadros en este sector.

La dimensión individualista consumidora en los sectores de menores ingresos y altamente segregados adquiere lo que algunos autores llaman paradojalmente el retroceso del individualismo, el retorno a la tribu. Por cierto, frente a la desolación de la escasez y el miedo a la sociedad sin leyes, ni solidaridad, un joven de población se cobija en “la patota”, la barra brava, o sencillamente en la banda juvenil, quien puede culparlos. Tiene funciones de identidad, protección y se consolida con practicas orgiásticas de droga, delincuencia y violencia, etc.

En los sectores integrados y con algún grado de organización, este individualismo consumista se consolida como conductas de presión sobre el sistema productivo sin referencia a solidaridades sociales de ningún tipo, y sin llegar a constituir conductas colectivas que vayan más allá de sus intereses económicos directos. Por cierto, con un afán de “avance social” claramente marcado.

La conciencia de poder

En general, la sociedad chilena tiene una conciencia del poder o de su ausencia, referido a su situación personal, que es un fenómeno de grandes repercusiones en el campo político. De ahí que la gente exija transparencia, desde su computador y todo lo público queda en una pecera, lo opaco es cuestionado y se presume mala intención, o voluntad de manipular. A la gente ya no es tan fácil meterle el dedo en la boca, y además aprende. Aquí uno de los principales errores de esta elección y en particular de la confusa comunicación de MEO. Denuncio bien una forma de hacer política que esta acabada, de secretismo, financiamiento oscuro, dependencia de las grandes empresas, etc. Su error lo constituyó el calificar de esto principalmente a la Concertación, o en la “mejor” de sus declaraciones como igual a la derecha con la concertación. Por eso confundió.

A partir del éxito de las políticas de protección social, surgen dos fenómenos, reforzamiento de conductas paternalistas tradicionales en los sectores mas desposeídos pero mayoritariamente una conciencia de derechos creciente de gente en situación de vulnerabilidad pero que exige mejor trato y verificar un compromiso de aquellos que dicen servirlos. Por cierto, queda un largo camino de dialogo sobre los deberes ciudadanos, materia que ha sido uno de los silencios estructurales ante la ausencia de política pedagógica. La matriz de conversación entre la oferta política y la demanda ciudadana es la del mercado, se ofrece un producto y este comprado o rechazado. Sin pedagogía de convencimiento o concientización en el sentido pedagógico, construir adhesión política desde abajo, desde la comuna, desde el sindicato es revivir el fantasma de la generación que vivió el año 1973 en que se sintieron superados por la expectativas y que es el fantasma de la generación responsable de haber llevado la desmovilización de las fuerzas sociales mas allá de las necesidades de la transición interminable, poniendo en jaque el esfuerzo de profundización democrática.

El componente generacional.

Hay quienes dicen que el componente generacional es superfluo, secundario o amenazante y otros que lo es todo, que basta con poner a gente joven y todo cambiará. Nuestro ángulo es mas bien ideológico, pero sería miope no ver que los últimos 50 traumáticos años de la historia de Chile han marcado diferencialmente a las distintas generaciones. Asimismo lo seria desconocer el potencial de cambio cultural del cuan son portadoras.

La rebelión pinguina es la rebelión de los hijos de aquellos que pudimos luchar contra la dictadura, fueron formados viendo a sus padres actuar con coraje por el cambio democrático, y por lo mismo, tienen conciencia de que la acción colectiva puede representar la diferencia.

La emergencia de liderazgos postergados o emergentes en las filas de la concertación con diagnósticos mas lucidos sobre la realidad actual y portadores de una mística con mayor desapego a las formas tradicionales de relación con los núcleos de poder también representan una potencialidad que jugará un rol central. Por su sintonía con la revolución de las comunicaciones, su comprensión de los nuevos paradigmas históricos, científicos y filosóficos y la capacidad que tengan de cuestionar las mitologías de la política chilena y los lastres a superar para construir una perspectiva histórica nueva para Chile. Pero en ningún caso garantizan esta perspectiva sin un acabado debate ideológico que les permita superar las formas aprendidas de caudillismo, individualismo y sobre todo de la farándula política nacional.

Sin pretender acabar con el diagnostico de este problema esencial para el futuro próximo y su principal desafío: Construir una oposición democrática desde una perspectiva popular y de inspiración cristiana, es necesaria una reflexión en este sentido.

El desafío de ser oposición.

El gobierno de Piñera será respetado como legitimo y los demócratas actuaremos con consecuencia. Más aún esperamos que al país le vaya bien.

Pero seremos una oposición firme en la defensa del legado y obra de la Concertación en estos 20 años, de los derechos de los trabajadores, de los pobres y las capas medias.

Es decir, seremos tenaces opositores al intento de los sectores declaradamente neoliberales de desmontar el estado:
1- en su dimensión productiva (CODELCO, ENAP, BANCO DEL ESTADO, etc.).
2- en su dimensión regulatoria destinada a defender los derechos y el trato a las personas ante los grandes conglomerados económicos y en especial a los monopolios naturales.
3- En su dimensión de protección social a los mas vulnerables y evitar el carácter paternalista y el retroceso de la perspectiva de derechos con que la concertación asumió exitosamente este desafío desde los 90.
4- En la dimensión de los derechos humanos y libertades publicas ante el declarado objetivo de consagrar el olvido y la impunidad.

Por último, garantizar a los trabajadores que no permitiremos ningún retroceso en sus derechos y apoyaremos sus reivindicaciones mas sentidas con una perspectiva de país.
El principal instrumento para determinar que pensamos respecto a cada punto de debate con el futuro gobierno lo constituirán los principales acuerdos del último Congreso Nacional del PDC.

Ningún militante podrá ostentar un cargo de confianza del presidente de la republica durante el próximo periodo constitucional.

Los militantes que estén en cargos de la administración pública deberán responder administrativamente a la autoridad administrativa, pero su conducta política deberá depender de la línea política que el partido adopte. Y los defenderemos en su calidad de funcionarios del estado y no del gobierno. Así como a los miles de independientes que han optado por la función publica como vocación.

Ante cada medida que próximo gobierno proponga y que no corresponda con nuestros principios u opciones tendremos la responsabilidad de contraponer nuestras propias alternativas en coalición con todos los sectores que lleguen acuerdo con nosotros.

El momento histórico que enfrentamos requiere asumir los desafíos actuales con coraje y profundidas. Volverán a ser las ideas las que conduzcan las acciones políticas.
El Partido Demócrata Cristiano debe realizar esta profunda revisión de lo realizado y de los errores cometidos, con humildad que abre los ojos, con sentido de autocrítica que abre los oídos, con la prudencia que permite decidir lo importante de lo subalterno, con sinceridad que permite evitar los silencios cómplices y dar la confianza de que se hace responsable de lo que se dice.

Pero sobre todo con coraje para enfrentar la incomprensión y fraternidad para conseguir la unidad una vez acordado los caminos a seguir.

Estoy convencido que re-unir a la comunidad DC es un imperativo de la hora actual, todos tendrán que aportar en esta tarea.

Será la confrontación de nuestras fuentes de inspiración ideológica con los conflictos actuales de nuestro tiempo de donde emane la verdadera refundación del pensamiento y de la acción política de los Demócratas Cristianos.

*** La foto es de propiedad de Marcelo Mayorga y fue tomada en Golfo de Ancud.
Con una camara NIKON 370.

viernes 8 de enero de 2010

Se acaba el tiempo hora de definiciones.




En notable el problema para tomar decisiones que tienen muchos en este país. Y la segunda vuelta es un mecanismo muy interesante para ver como afecta a muchos que les cuesta definirse. Le dan vueltas y vueltas para finalmente evitar las consecuencias de sus opciones. Si se es de izquierda no se puede favorecer a la derecha. Así de simple. Si uno cree ser progresista no puede justificar ayudar a Piñera.

Pero entre echarle la culpa a Escalona, Latorre y a Frei mismo, insisten en buscar una explicación que los justifique en su indecisión. Otros son los culpables de que voten blanco y/o nulo, de hecho sostienen que es la Concertación la que los impulsa a hacerlo. Saben que esa opción favorece a Piñera pero eso parece no importarles.

Argumentan una especie de consecuencia con ideales no cumplidos o con expectativas que han sido defraudadas por otros. En el fondo no se asume que estas son las opciones que el pueblo de Chile decidió en la última elección, y que si no hay otras con suficiente apoyo es solo el fracaso o la inacción en la construcción de estas.

Dura y triste constatación de una especie de mercadeo de la política: ninguna de las alternativas me gusta así que no me caso con ninguna, pues tengo una autonomía que defender. Esta es una ilusión burguesa en que las opciones en democracia se hacen al gusto de los individuos. Y la verdad es dura: estas son creaciones colectivas.
Este afán por representar una alternativa distinta surge en medio de las elecciones y les permite adquirir un protagonismo inesperado. Hay que convencerlos de que opten por el mal menor. Pero poco esfuerzo por la construcción de estas se vio en otros momentos. Surgen cuando hay que decidir.

Hace unos días un conocido de la época de los 80 concluyó una intervención mía con una voluntariosa exclamación: “te compro”. Con una ironía que me asustó. Le respondí que no estaba en venta y que no era vendedor. Que me alegraba si mis argumentos le importaban, pero que el problema de decidir era de él y no mío. Ahí me acordé.

Era este nuestro razonamiento respecto de aquellos que nos miraban desfilar en las protestas estudiantiles contra Pinochet. De hecho algunos inventaron un grito muy folclórico para “los mirones”. No era nuestra intención rogarles que estuvieran contra la dictadura, lo considerábamos un deber moral. Nuestra seducción era de principios y no de propaganda de cosméticos.

Hoy día que he escuchado fundamentos de fondo en la crítica a la Concertación, a la campaña, al candidato, a los partidos me queda claro el desafío de renovación que tenemos por delante. Los datos políticos lo avalan como central en la refundación de una mayoría por los cambios.

Pero no he visto ningún argumento valido para favorecer a la derecha desde una perspectiva, democratacristiana, de izquierda o simplemente progresista.

Tampoco he visto en las defensas del voto blanco o nulo la más minima preocupación por las consecuencias de la aplicación de un programa de derechas como el de Piñera, sobre los más pobres y los sectores medios. Ni las consecuencias nacionales e internacionales de dicha alternativa. Por cierto, ninguna justificables desde ninguna perspectiva democrática ni popular.

Algunos improvisan programas de acción política que criticando a todos considera que la llegada de la derecha es inevitable y que eso es bueno por que ahora si vendrá la lucha de verdad y construirán ahora el verdadero referente. Lo cual recuerda etapas de evasión de la realidad de periodos anteriores. En su derecho estan de construir el referente que quieran y con quien quieran, pero entiendo que esas cosas no se improvisan en periodos electorales. Mas bien me huele a justificación. Ademas si el objetivo es tan epico, para eso se requiere legitimidad moral y no la actitud derrotista que expresa esta posición. ¿Que legitimidad moral puede salir de apoyar a la derecha para construir un proyecto progresista o que pretenda representar a los pobres de Chile?
Para lo que sirve este dogmatismo, es para dividir en tiempos que lo urgente es la unidad. Dividir para que gobierne la derecha, no es el camino.

Todos saben que votar nulo o blanco favorece a Piñera pero algunos insisten aunque el mundo se venga abajo, olvidan que en nuestro mundo hay pobres y chilenos que pagaran caro esta porfía. Ni siquiera repiten el antiguo eslogan de exacerbar las contradicciones que tantas barbaridades políticas justificó. Sencillamente no hay argumentos para esta indefinición que ayuda a la derecha.

Para dolor de algunos y espectáculo de muchos la historia llega a un punto en que hay que decidir y asumir las consecuencias.

El pueblo chileno lo definió así en primera vuelta:
La alternativa de hoy es la derecha representada por Piñera y las fuerzas progresistas y democráticas representadas por Eduardo Frei R-T.

No hay escapatoria, el voto blanco y el nulo solo influyen haciendo más fácil la tarea del que encabeza los aprontes de acuerdo a la primera vuelta: Piñera. Por lo tanto es un apoyo objetivo a la derecha.

No hay mas espacio ni tiempo, no se puede arrancar de la historia.

viernes 1 de enero de 2010

Notas sobre renovación política I.




La actual elección presidencial en Chile ha abierto una importante discusión sobre la necesaria renovación de la política. Esta ha tenido particular impacto en la Concertación y en especial en la Democracia Cristiana, mas allá de su Congreso Nacional, realizado hace poco.

Saltándonos olímpicamente los lugares comunes que hacen referencia al recambio de rostros, a la manera y con lenguaje de la farándula, o al cambio en el promedio de edad, tal vez necesario pero por cierto insuficiente, o a apelaciones vagas a “cambios de estilo”, el desafío de renovación política se sitúa en el campo de la construcción de proyectos colectivos. De ahí la importancia que adquieren los vilipendiados partidos políticos.

El apoliticismo reinante se basa en dos creencias muy difundidas: una que hace referencia a los partidos como organizaciones cerradas, dominadas por unos pocos para provecho exclusivo de esos pocos; y la otra, a la futilidad absoluta de la participación en la acción publica por inútil en si misma, en especial para el provecho personal. El cuidado de la libertad personal se convierte así en el fundamento valórico del apoliticismo.

El apoliticismo reinante tiene consecuencias abiertamente conservadoras pues sirve de manera directa a los intereses de la minoría que sostiene importantes cuotas de poder y en especial de riqueza en nuestra sociedad que buscan mantener este orden de cosas. La desigualdad se ve reforzada pues se cree que todos trabajan a favor de ella o que sencillamente es inmodificable. La libertad personal que tanto se cuida queda vaciada de contenido, pues de que sirve una libertad que no nos permite cambiar el mundo, ni nuestro entorno.

Asimismo, tiene una raíz en la falta de compromiso con el sistema democrático. Desde la izquierda por la insatisfacción por la lentitud o impotencia de los procesos democráticos para lograr avances sociales y desde la derecha por considerarla subversiva respecto del orden establecido. Angulo que no nos ocupa en esta ocasión.

Resuelto el tema del apoliticismo o del compromiso democrático, la definición tiene que ver con el orden social, político, cultural y económico que caracteriza nuestra época.

Para quienes creemos que el orden social existente en una sociedad organizada en el capitalismo se basa en la injusticia y el egoísmo buscamos su transformación mediante la acción política como un campo privilegiado de la acción comprometida con esos cambios.

Por cierto, hay una premisa común, el traslado de la ley de la selva en la que “el fuerte se come al débil”, trasladada mecánicamente al orden social, constituye un atentado a la dignidad y al desarrollo de la persona humana. Por tanto, nos oponemos a quienes creen en el mercado como utopia ordenadora de todo el orden social y económico. Pues creemos que atenta contra la liberación de la persona humana.

Esta definición, se basa no solo en la constatación del fracaso moral de un orden social que condena a millones al hambre, la pobreza, la enfermedad y la ignorancia, sino que en el concepto mismo del hombre que dicha visión encierra. La de un animal evolucionado en sus capacidades racionales que se motiva solo por el interés material y la maximización de sus ganancias y beneficios.

En general creemos que asumir una posición, en el conflicto social que opta por los desposeídos y los más débiles, y no por los poderosos, los ricos y los satisfechos implica una definición radical de los medios y las fuentes de poder que son validas a la hora de la acción política.

No será la representación de las grandes fortunas, ni el poder económico la que organizará a las fuerzas de la justicia social.

Será la organización de partidos que representen mayoritariamente a los sectores sociales que sufren ante el poder de la concentración económica y de los grupos privilegiados. Esos partidos, que creen en la gente y en sus organizaciones, los apoyen en sus demandas y los ayuden en su organización, serán los que auténticamente puedan llamarse “progresistas”.

En su defecto, se transformaran en partidos condenados a “degollar” la participación interna, ahogar los liderazgos emergentes, transar sus posiciones en el mercado del financiamiento de las campañas políticas ante los conglomerados económicos que requieren del apoyo del estado para maximizar sus ganancias. Para eso siempre habrá voluntarios para integrarse a esas pequeñas oligarquías. Se justificaran con argumentos tecnocráticos o con sutiles apelaciones familiares de carácter feudal, pero finalmente terminaran representando a los intereses de quienes los financian.

La crisis de desigualdad que atraviesa toda nuestra America Latina desde el Rio Bravo hasta la Patagonia, injustificable desde el punto de vista de las enormes riquezas que Dios le otorgó a nuestro continente, se basa en el fracaso de las minorías que han suplantado a sus pueblos y con sus intereses en la conducción de sus paises, mediante caminos autoritarios o en remedos de democracia corruptores del esfuerzo de liberación.

La Concertación en Chile ha sido una de las respuestas mas audaces desarrolladas en nuestra historia. La Unidad política y Social del pueblo que constituye mayoría democrática para impulsar los cambios y logra recuperar la democracia pacíficamente; reducir la pobreza de manera inédita en esta parte del mundo; integrar al país al concierto internacional; y construir un proyecto político cuyo basamento se encuentra en la ampliación y respeto de los Derechos Humanos y la protección social de los mas débiles, ha sido el mayor esfuerzo de renovación política de nuestra historia.

Sin embargo, este esfuerzo se encuentra condicionado por los costos de la transición política. Ha llegado la hora de recuperar la organización desde debajo de la demanda popular para representarla en el campo político. Esto requiere una profunda transformación institucional y un esfuerzo de movilización social que regenere el tejido orgánico de la sociedad destruido por la dictadura y postergado por la democracia. Que constituye la principal fuente de educación cívica conocida por nuestra civilización: la participación.

Quienes califiquen esta idea como añeja o fuera de la historia ignoran absolutamente las tensiones que nuestra patria deberá asumir a partir de este nuestro Bicentenario. Y que paradójicamente la derecha se ofrece para dar las respuestas con la consigna del “cambio”.

El egoísmo cultural que afirma la filosofía del “agarra lo que puedas” y que anima las “luchas sociales” de nuestro tiempo sin consideración ninguna con el bien común o de la solidaridad social constituye la peor presión sobre nuestra economía en desarrollo. Pues el subdesarrollo es finalmente eso: un sistema económico que no es capaz de satisfacer las necesidades de todos sus integrantes.

Las respuestas que terminan conduciendo estas mareas de demandas se denominan populismo. Los hay de derecha y de izquierda y las consecuencias las pagan los países no solo los más pobres. Son en general, retrocesos históricos y sobre todo uno de los mecanismos de desesperanza aprendida mas duros de nuestra historia que de paso sacrifican la democracia.

La renovación que se requiere implica la necesidad de partidos comprometidos con los conflictos sociales de nuestro tiempo, capaces de abrir sus agendas a las temáticas que se le presentan a la humanidad y a los pueblos y que en otras épocas era imposible asumir o simplemente fueron consideradas como no prioritarias. El cambio de dirigentes será una consecuencia de esta renovación y no una solución. Esta perspectiva siempre tiene el riesgo de ser un “gatopardismo clásico”: “cambiarlo todo para que no cambie nada”.

Estos partidos renovados deberán demostrar su renovación en la capacidad de formar cuadros y lideres, impecables desde el punto de vista técnico, pero mucho mas importante, con las habilidades de organización y disciplinas sociales y cívicas que requiere la acción colectiva de hoy para asumir la transformación de nuestro país y no solo para administrar lo que hay. La renovación de la política será pedagógica o no será renovación.

miércoles 16 de diciembre de 2009

¿Qué hacer para la segunda vuelta?




La tarea: construir la unidad. Escucha al amigo descontento. Dile que no se puede perder lo avanzado. Asume los desafios pendientes. Los "comandos", poco importan. Habla. Sé lider. Actua. Nadie te va a ir a buscar a la casa. . Asume que no puedes permitir que la derecha gane sin que tu hagas algo para evitarlo. Las quejas ni convencen ni cambian nada. Sé humilde. Unamonos con Frei en segunda vuelta: Por Chile


Si bien el análisis en profundidad se podrá hacer luego de los resultados de la segunda vuelta, y esta es la hora de la acción, hay que pensar un poco lo que pasó con la elección.

La derecha no ganó, de hecho bajó su votación. El tercio de derecha es casi la mitad. ¿Pero hay acaso aquí alguna sorpresa? Para nada, desde el plebiscito del SI y del NO, le ha sido imposible remontar esa “pequeña” diferencia electoral. Hoy se adelantan nuevamente, y celebran en su soberbia y exceso de confianza esta ventaja. Nos están subestimando nuevamente.

Arrate siendo un gran candidato, agregó muy pocos puntos a la votación de izquierda, otrora extraparlamentaria, pero jugó un rol brillante en la conducción del sector en la lucha contra la exclusión (que no ha terminado), “aunque se avanzó” como dijo él. Salud a los compañeros del Juntos Podemos, a quienes muchos Demócratas Cristianos hemos apoyado en esta causa desde el principio. Esos tres parlamentarios efectivamente marcan un hito relevante en la representatividad de nuestro parlamento.

Marco Enríquez logra una votación inesperada, para aquellos que no vieron o no quisieron ver lo que estaba pasando. El encabeza la crítica a la Concertación, lo hace con dureza pero con inteligencia. Esta candidatura, incluso logra captar una pequeña parte del descontento de la propia derecha, especialmente en los sectores que desconfían también de los “dinosaurios de la Derecha”. Hoy, con la fuerza de sus votos le exige cambios de fondo a la Concertación e incluso cambios de liderazgos en los partidos (tal vez fuera de momento y lugar). Quiere ser proyecto, pero no sacó parlamentarios, ni constituyó un partido que le dé sustento político. Es un voto de protesta, que desde la centroizquierda exige cambios. Ha rechazado, inicialmente, el apoyar a la derecha. Si el candidato hubiese sido Lagos o Insulza, tal vez el experimento de Adolfo Zaldívar habría jugado un rol similar en el electorado descontento del mundo DC. Así al menos lo creyeron ellos. Pero ojo, ellos sin grandes alianzas rompieron el binominal en lucidos triunfos. Casualidad, también sacaron tres diputados.

Eduardo Frei Ruiz-Tagle hizo una campaña tradicional dentro de la Concertación, la que fue diseñada para disputar el voto de centro con la Derecha. Además, sumó jóvenes independientes y buscó disputar en el campo programático, desde la fortaleza de la continuidad del trabajo realizado por Bachelet. Creyó que en tiempos de crisis el país quería seriedad y estabilidad y tuvo un éxito parcial. Algo le restó a la derecha o evitó un vaciado hacia allá por el centro. Pero no estaba preparada para capitalizar el descontento en la propia centroizquierda. Al aparecer MEO, se tuvo que correr a la izquierda y limitó su propia fortaleza, su capacidad de maniobra hacia el centro. Agreguemos la inexperiencia de los equipos y unos cuantos errores, a la ya normal aceptación de lo inevitable de las segundas vueltas.

Los partidos, cada uno lidiando con sus propios fantasmas, habían experimentado divisiones y conflictos muy duros en su interior. En todos hay problemas de inclusión y un malestar ligado a los desafíos de identidad de la Concertación y de los propios partidos y, por cierto, a las disputas de liderazgo, a veces, antropofágicas.

Éstos, focalizaron su atención no en la Candidatura presidencial, sino que en la parlamentaria. El resultado -mejor para unos que para otros- reveló que por si mismos no garantizan el triunfo, pero si que son imprescindibles. Reveló, lo necesario de una autocrítica en cuanto a estilos y voluntad de renovación, más que de caras (que es lo que se demanda), de una voluntad de cambios de fondo. Sin ellos, no habrá renovación, pero solo con ellos parece que no habrá ninguna.

Así, la coalición deberá asumir el desafío de renovarse, ampliándose y acogiendo a los descontentos, con claras señales de democratización interna. El Bloque por los cambios de Tomic, que creaba una mayoría democrática para los cambios uniendo al centro y a la izquierda, a los sectores medios y populares, ahora debe dar cuenta de las nuevas realidades sociales de nuestro tiempo.

Será esta elección la que marcará el antes y el después, en que debiera perfilarse una coalición nueva, de mayoría social y política de centroizquierda, capaz de dar liderazgo nacional y orientación internacional alternativa a los desgastados modelos de cambio populares -ensayados sin éxito- para dar paso a los cambios y la democracia.

La clave está en la constitución, la misma que enfrentamos encabezados por Frei Montalva en 1980. Momento en el cual convergen las fuerzas sociales y políticas que reemplazarán a las fuerzas de la Dictadura en la conducción de los destinos de Chile en 1988.

Un camino de victoria y de cambio social y profundización democrática puede estar marcado por una apelación profunda al pueblo de Chile. Eduardo Frei debiera someter la actual Constitución a Plebiscito (como sabemos, esta se aprobó de forma espuria, como lo denuncio E.F.M. en su tiempo).

Si nos orientamos hacia un nuevo tipo de coalición, hacia un esfuerzo de renovación de los partidos actuales y de los que probablemente se formarán. Si nos encaminamos a un esfuerzo de renovar nuestra democracia desde sus raíces, facilitando la democratización de los propios partidos, tendremos la oportunidad de corregir las inequidades que genera el sistema económico actual y podremos corregir el sendero de desarrollo para los todos chilenos.

Me permito agregar dos últimos elementos que no he visto en ninguna autocrítica:

• La primera; Gran parte de los problemas de la Concertación y de los partidos, es nuestra debilidad ideológica y organizativa. La renuncia práctica o el abandono sistemático del mundo social y comunitario. Ni alcaldes, ni gobierno han apuntado al fortalecimiento decidido del mundo sindical y comunitario, aún sabiendo científicamente que ahí están las claves para enfrentar los problemas más graves de educación cívica, solidaridad social, drogadicción, delincuencia y en general, de cohesión social. La propia Concertación, solo existió en la base en la lucha contra la dictadura, luego en el gobierno se redujo a la cúpula de los partidos, cuestión que hay que cambiar. Empecemos hoy, la organización está en las comunas. No vamos a reinventar la organización desde arriba y, por cierto, los votos están en la calle. Trabajemos como en los viejos tiempos.

• La segunda; La imprescindible corrección al modelo económico vigente, que teniendo virtudes, tiene exclusiones y abusos para los cuales no bastan las reformas de Protección Social. La concentración económica es un freno al desarrollo y fuente de inestabilidad. La concentración económica tiende a limitar la democracia, porque hace Lobby sin contrapeso, y por sobre todo, la iniciativa empresarial en la cual el más grande se come al más chico. Por último, es la fuente de las peores tensiones y sufrimiento para los más débiles, pues cuando éste tiene al estado, colabora en la extracción de la riqueza de la gente con todos los medios, impidiendo que ésta se resista en la defensa de sus derechos. Es decir, buscan “pelar la gallina sin que grite”, acá está el meollo de la principal renuncia práctica de estos tiempos, la renuncia a la “Batalla de las Ideas”, la que construye las identidades de verdad, no sus fantoches mediáticos o faranduleros. Renovarse en este campo significa dejar que mueran los ídolos de antaño y surjan los ideales del futuro.

Este es el momento de la crisis y la incertidumbre. Ahora, es cuando deben primar los principios de la primacía de la persona humana, y sus derechos. De sus obligaciones comunitarias y sus valores solidarios. Acá, probamos que somos merecedores de tomar el poder para cambiar la realidad y liberar al hombre y a todos los hombres. Y no para ser sometidos, en nuestros principios por las exigencias de la conquista del poder. Ahora la experiencia existencial de nuestra generación se convierte en una fuerza moral en sí misma, pero esta vez trae la exigencia de asumir un rol protagónico que no le ceda el espacio a la ambición inmadura ni a la anquilosada, ni a sus hermanos los oportunistas. Que las voluntades de poder se desplieguen, pero obligadas a justificarse en todos los sentidos de una acción política inspirada en los principios compartidos y sobre todo en la gente.